miércoles, 21 de agosto de 2013

LA FE

LOS HOMBRES MAS HERMOSOS SON LOS QUE CULTIVAN SU RELACIÓN CON DIOS.




LA FE

“El hombre es más hermoso cuando reza.
Nada es difícil cuando a Dios se nombra
con acendrado amor y honda firmeza.
Mas sin la Fe triunfante, todo cesa,
todo cesa en la sombra.

Sin ella no hay grandeza verdadera,
Ni trabajo fecundo,
porque la Fe, desde la Edad primera,
con su potencia milagrosa impera,
como sagrado músculo del mundo”.

(Guillermo Perkins Hidalgo)


EL ROSARIO ES UN ARMA PODEROSA.




TODOS NECESITAMOS A DIOS AUNQUE A VECES LO NEGAMOS





sábado, 11 de mayo de 2013

LA CRUZ DE SAN DAMIAN


CORREDENCIÓN

LES COMPARTO A TODOS EL SIGNIFICADO MARAVILLOSO DE LA CRUZ DE SAN DAMIÁN. REPRESENTADA TODA LA CREACIÓN DESDE EL PRINCIPIO AL FIN. Y MUY CLARAMENTE LOS ROLES MAS SIGNIFICATIVOS DE LAS PERSONAS QUE HAN ACOMPAÑADO LA PASIÓN DE JESÚS.

HOY TAMBIÉN TODOS PODEMOS ASUMIR O CONSIDERARNOS DENTRO DE UNO DE ESOS ROLES (O COMO UNO DE LOS PROTAGONISTAS) SE ANIMAN A PENSAR: QUIEN SOY DE ESOS PERSONAJES?. 

MI INTERPRETACIÓN PERSONAL ES: 

ÉSTE ES EL REINO, TODOS SOMOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA. ASUMAMOS UN ROL Y ACTUEMOS EN CONSECUENCIA. SI PODEMOS COMPRENDER ESTO IREMOS POR UN BUEN CAMINO, CONDUCIDOS POR DIOS, PARA CONSTRUIR EL MUNDO MEJOR QUE SOÑAMOS. 
NO HAY OTRO MUNDO, POR LO MENOS POR AHORA ES ÉSTE EL QUE CONOCEMOS Y EL QUE NOS DEBE IMPORTAR. SEAMOS SOLDADOS DE CRISTO, PARA LUCHAR CONTRA LA OSCURIDAD DEL MUNDO, Y LLEVEMOS LA LUZ Y LA PAZ AL MUNDO ENTERO (EL CREADOR Y LA CREACIÓN).

EL CRISTO DE SAN DAMIÁN
Descripción del icono
por Richard Moriceau, o.f.m.cap.
.
El presente texto es el comentario de un montaje audio-visual, no comercializado, sobre el Crucifijo de San Damián.
El crucifijo de San Damián es un icono de Cristo glorioso. Es el fruto de una reposada meditación, de una detenida contemplación, acompañada de un tiempo de ayuno.
El icono fue pintado sobre tela, poco después del 1100, y luego pegado sobre madera. Obra de un artista desconocido del valle de la Umbría, se inspira en el estilo románico de la época y en la iconografía oriental. Esta cruz, de 2'10 metros de alto por 1'30 de ancho, fue realizada para la iglesita de San Damián, de Asís. Quien la pintó, no sospechaba la importancia que esta cruz iba a tener hoy para nosotros. En ella expresa toda la fe de la Iglesia. Quiere hacer visible lo invisible. Quiere adentrarnos, a través y más allá de la imagen, los colores, la belleza, en el misterio de Dios.
Acojamos, pues, este icono como una puerta del cielo, que nos ha sido abierta merced a un creyente.
Ahora nos toca a nosotros saber mirarla, leerla en sus detalles. Ahora nos toca a nosotros saber rezar.
El de San Damián es, se dice, el crucifijo más difundido del mundo. Es un tesoro para la familia franciscana.
A lo largo de siglos y generaciones, hermanos y hermanas de la familia franciscana se han postrado ante este crucifijo, implorando luz para cumplir su misión en la Iglesia.
Tras de ellos, y siguiendo su ejemplo, incorporémonos a la mirada de Francisco y Clara. ¡Si este Cristo nos hablara también hoy a nosotros! Orémosle. Escuchémosle. Dirijámonos a él con las mismas palabras de Francisco:
«Sumo, glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame
fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta,
sentido y conocimiento,
Señor,
para cumplir tu santo y verdadero mandamiento»
 (OrSD).
Adentrémonos en la contemplación de Cristo
A la primera ojeada, descubrimos de inmediato la figura central: Cristo. Es el personaje dimensionalmente más importante. Tapa gran parte de la Cruz. Además, y sobre todo, se destaca sobre el fondo: Cristo, y sólo Él, está repleto de luz. Todo su cuerpo es luminoso. Resalta sobre los demás personajes, está como delante. Tras sus brazos y sus pies, el color negro simboliza la tumba vacía: la oscuridad es signo de las tinieblas.
La luz que inunda el cuerpo de Cristo, brota del interior de su persona. Su cuerpo irradia claridad y viene a iluminarnos. Acuden a nuestra mente las palabras de Jesús: «Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12). Cuánta razón tenía Francisco cuando oraba: «Sumo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón».
Estamos ante un Cristo inspirado en el evangelio de san Juan. Es el Cristo Luz, y también el Cristo Glorioso. Sin tensiones ni dolor, está de pie sobre la Cruz. No pende de ella. Su cabeza no está tocada con una corona de espinas; lleva una corona de Gloria.
Nos hallamos al otro lado de la realidad histórica, de la corona de espinas que existió algunas horas y de los sufrimientos que le valieron la corona de Gloria. Mirándole, pensamos acaso en su muerte, en sus dolores, de los que aparecen varias huellas: la sangre, los clavos, la llaga del costado; y, sin embargo, estamos allende la muerte. Contemplamos al Cristo glorioso, viviente.
¿No nos recuerda que todos nuestros sufrimientos, un día, serán transformados en gloria?
Cristo denota también donación, abandono confiado en el Padre. Dice en el evangelio de san Juan: «... Yo doy mi vida... Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente... Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos» (Jn 10,17-18; 15,13). He aquí al Cristo que se entrega, que se da. Parece ofrecerse, dispuesto a todo, confiado en el Padre.
¿No nos invita a seguir sus huellas, a entregarnos nosotros también, a dar la propia vida?
Es también un Cristo que acoge al mundo. Tiene sus brazos extendidos, como queriendo abrazar al universo.
Sus manos permanecen abiertas, como para cobijarnos y anidarnos en ellas. Están también abiertas hacia arriba, invitándonos a mirar, más allá de nosotros, en dirección al cielo. ¿No están abiertas también para ayudarnos, para sostener nuestros pasos y levantarnos tras nuestras caídas?
El rostro de Cristo
El rostro de Cristo es un rostro sereno, sosegado. En línea con la bella tradición de los iconos, tiene los ojos grandes, pequeña la boca, casi invisibles las orejas. ¿Por qué? En la contemplación del Padre, en el mundo de la Gloria, ya no hace falta la palabra, ni hay ya que escuchar. Basta con ver, con mirar, con amar. Como Cristo contemplando a su Padre.
Tiene los ojos muy abiertos. Miran a través nuestro a todos los hombres. Su mirada envuelve a quienes están cerca, a quienes le contemplan, pero está, a la vez, atenta a todos. «Ésta es mi sangre derramada por vosotros y por la multitud» (cf. Mt 26,28). Con su mirada alcanza a todas las generaciones, a los hombres de hoy, a todos los que serán. Viene a salvarlos a todos.
En resumen, estamos ante Cristo viviente, lleno de serenidad y de gloria, abandonado a su Padre y vuelto hacia los hombres. ¡He aquí al Cristo contemplado por Francisco!
La parte superior del icono
En primer lugar, de abajo arriba, una inscripción sobre una línea roja y otra negra, con las palabras: «Iesus Nazarenus Rex Iudeorum», «Jesús Nazareno, el Rey de los judíos». Este texto nos remite explícitamente al evangelio de san Juan (Jn 19,19). Los otros evangelistas dicen: «Jesús, el Rey de los judíos». El icono cita, pues, el texto de Juan con la palabraNazareno. Un simple detalle, pero un detalle importante para Francisco. Nazareno es el recuerdo de la vida pobre, escondida y laboriosa de Jesús. Jesús trabajó con sus manos. El que está en la gloria, el que es toda Luz, pasó por la pobreza de Nazaret, por el trabajo humano.
Sobre el rótulo, un círculo. En el círculo, un personaje: el Cristo de la Ascensión.
Observemos su impulso. Se eleva. Parece subir una escalera. Abandona el sepulcro, representado en la oscuridad que cerca al círculo. Va hacia su Padre. Lleva en la mano izquierda una cruz dorada, signo de su victoria sobre el pecado. Alarga la mano derecha en dirección al Padre.
La cabeza de Cristo está fuera del círculo. Y eso que el círculo, en la iconografía, es símbolo de perfección, de plenitud. Pero la perfección y plenitud humanas no pueden abarcar a Cristo. Cristo rebasa toda plenitud. Por eso está su rostro por encima del círculo.
A izquierda y a derecha, unos ángeles. Miran a Cristo que entra en la gloria. Son rostros felices. Cristo se alegra con ellos, y sigue vuelto hacia todos, sin dejar de mirar al Padre. En su Ascensión y Gloria, Jesús prosigue su misión de Salvador.
El semicírculo del ápice de la cruz
Un círculo, del que se ve sólo la parte inferior. La otra es invisible. Este círculo simboliza al Padre. El Padre, conocido por lo que Cristo nos ha revelado de Él, sigue siendo, como dice Francisco, el incognoscible, el insondable, el todo Otro.
Por eso vemos sólo un semicírculo. El resto, nadie lo conoce. Es el misterio de Dios, incomprensible para nosotros hoy.
En el semicírculo, una mano con dos dedos extendidos. Es la mano del Padre que envía a su Hijo al mundo y, a la vez, lo recibe en la gloria.
Los dos dedos pueden tener un doble significado: recuerdan las dos naturalezas de Cristo, hombre y Dios. Así es el Hijo del Padre. O bien, indican al Espíritu Santo. Decimos en el Veni Creator: «Digitus Paternae dexterae»: «El dedo de la diestra del Padre». Así se denomina al Espíritu Santo. En su discurso de apertura del Concilio IV de Letrán, en tiempo de Francisco, Inocencio III habla del Espíritu Santo llamándolo dedo de Dios.
Asombra observar cómo este icono evoca el entero misterio de la Trinidad: Francisco no podía contemplar a Cristo sin asociar al Padre y al Espíritu. La contemplación de este icono le ayudó, quizás, a atisbar la plenitud de Dios.
¿Y nosotros? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu para calar en el misterio de Dios?
Los brazos de la cruz
Bajo cada mano y antebrazo de Cristo hay dos ángeles. La sangre de las llagas los purifica, y se derrama por el brazo sobre los personajes situados más abajo. Todos son salvados por la Pasión.
En los extremos de los brazos de la cruz, dos personajes parecen llegar. Señalan con la mano el sepulcro vacío, simbolizado por la oscuridad de detrás de los brazos de Cristo: ¿No serán las mujeres que llegan al sepulcro para embalsamar el cuerpo y a quienes los dos ángeles les muestran a Cristo Glorioso?
A los lados de Cristo
A los flancos de Cristo hay cinco personajes íntimamente unidos a Él. Estamos en el evangelio de Juan: «Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre María la mujer de Cleofás y María Magdalena» (Jn 19,25).
Acerquémonos a estos personajes, cuyos nombres figuran al pie de sus imágenes.
A la derecha de Cristo están María y Juan. Juan está al lado mismo de Cristo, como en la Cena. Él fue quien vio atravesar su costado y salir sangre y agua de la llaga, y quien lo atestiguó veraz (Jn 19,35).
María, grave el rostro, está serena: ningún rastro exagerado de dolor; la suya es realmente la serenidad de la creyente que espera confiada al pie de la cruz y cuya esperanza no queda defraudada. Acerca su mano izquierda hasta el mentón. En la tradición del icono, este gesto significa dolor, asombro, reflexión. Con la mano derecha señala a Cristo. Juan hace el mismo gesto y mira a María como preguntándole el sentido de los hechos.
¿No se contiene, en esta pintura y en estas actitudes, toda una enseñanza sobre el papel de María, que nos conduce a Cristo y nos ayuda a comprenderlo?
¿No entendió así Francisco el cometido de María? ¿Y nosotros? ¿Le reconocemos a María su verdadero papel: el de enseñarnos a conocer a Cristo?
Al flanco izquierdo de Cristo hay tres personajes: dos mujeres y un hombre. Cabe Cristo, María Magdalena y María, la madre de Santiago el Menor: las dos mujeres que llegaron primero al sepulcro la mañana de Pascua. Con la mano izquierda en el mentón, María Magdalena manifiesta su dolor, en tanto que la otra María, la madre de Santiago, le apunta con la mano a Jesús resucitado, invitándola a no encerrarse en su propio sufrimiento.
Junto a las dos mujeres, un hombre: el centurión romano que estuvo frente a Cristo y, al ver «que había expirado de esa manera, dijo: "Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios"» (Mc 14,39). Es el modelo de todos los creyentes. Parece sostener en su mano izquierda el rollo en el que estaba escrita la condena. Con su mano derecha, y sus tres dedos levantados, enuncia su Fe en Dios Trino: Padre, Hijo y Espíritu.
Por encima del hombro izquierdo del centurión romano asoma una cabeza pequeñita, y detrás, como un eco, otras cabezas. ¿No será la multitud, todos los creyentes que venimos a contemplar a Cristo para entrar en su misterio y reavivar nuestra fe?
A los pies de María, un personaje más pequeño. Leemos su nombre: Longino. Es el soldado romano. Mira a Cristo, y sostiene en la mano la lanza que le traspasó el costado.
Al otro flanco, a los pies del centurión, otro personajito. Apoya la mano en la cadera, y parece mofarse de Cristo crucificado. Sus vestidos hacen pensar en el jefe de la sinagoga. Su rostro aparece de perfil. Detalle sorprendente en un icono, cuyos personajes generalmente están de frente con la cara iluminada. Este hombre no ha alcanzado todavía la luz de Cristo. Es menester que la otra parte de su rostro, la que no se ve, salga de la oscuridad y sea iluminada por la Resurrección.
A los pies de Cristo
En el pie de la cruz, a la derecha, hay dos personajes: Pedro, con una llave, y Pablo. Debía haber otros. El tiempo los ha borrado. Eran, quizá, santos del Antiguo Testamento, o san Damián, patrono de esta iglesita, tal vez también san Rufino, patrono de la catedral de Asís. La sangre de las llagas se difunde sobre ellos y los purifica.
Sobre Pedro, a media altura frente a la pierna izquierda de Cristo, un gallo en actitud desafiante. Evoca la negación, la de Pedro y las nuestras. Es el símbolo, igualmente, del alba nueva. Saluda con su canto los primeros rayos del sol y nos invita a todos a salir del sueño para adentrarnos en la luz de Jesús resucitado.
* * *
El Cristo de San Damián, recién contemplado, contiene una asombrosa densidad teológica. En él encontramos la evocación del Misterio Trinitario y la plenitud de Cristo, encarnado, muerto y resucitado. Unido a los suyos en el cielo por la Ascensión, sigue permanentemente vuelto hacia nosotros. Su Misión es salvarnos a todos. Estamos ante el Misterio Pascual total.
Cristo no está solo sobre la cruz. Está en medio de un pueblo, simbolizado en los personajes que lo rodean y atestiguan su resurrección. Hoy, también, sigue vivo en medio de su Iglesia. Invita, a quienes le contemplamos, a ser sus testigos.
¿Oímos su llamada?
* * *
Francisco miró, interrogó con detención a este crucifijo. Y se le convirtió en camino que lo condujo a la contemplación de su Señor. Fue el punto de partida de su Misión: «Ve y repara mi Iglesia».
Francisco, además, siempre se dejó educar por cuanto veía (la creación, los leprosos, sus hermanos...). ¿No aprendió mucho demorando con frecuencia su mirada reposada sobre este icono?
Su biógrafo Celano dice que este Cristo habló a Francisco. Ahora podemos comprender mejor el sentido de esta frase y dejarnos captar por Cristo, para participar también en la construcción de la Iglesia, tras las huellas de Francisco.
¡Que esta meditación nos ayude a amar al Crucifijo de San Damián, a este ICONO!
[Selecciones de Franciscanismo, vol. XVI, n. 46 (1987) 45-51]


miércoles, 8 de mayo de 2013

LA CARIDAD ES UN TESORO QUE SE ACUMULA EN EL CIELO



LA CARIDAD ES UNA MONEDA, UN TESORO QUE SE ACUMULA EN EL CIELO.



ALIMENTOS Y ROPAS NO BASTAN PARA LLENAR LA SOLEDAD.







Mira que arrugada esta esa piel 



en su alma siente frío y ves 
ni las lágrimas que guarda en el 
hoy pueden caer 
otro día tiene que pasar 
alegrías de otros que verás 
y este tiempo inconciliable que 
juega ya contra ti 
acabamos al final de pie 
en una ventana para ver 
espectadores melancólicos 
de felicidad improbable 
tantos viajes que quisiste hacer 
y ahora sabes que no puede ser 
un dolor que tu conoces bien 
solo el no te abandonará ya 
jamás 
te refugias en tu soledad 
mientras crece tu fragilidad 
los milagros ya no esperaras 
ahora ya no 
con muñecos ya no hables más 
y no toques esas píldoras 
esa monja es tan simpática 
con las almas tiene práctica 
te daría mi mirada 
para hacerte ver lo que quieras 
la energía la alegría 
para regalarte sonrisas 
di que si siempre sí 
y podrás volar con mis alas 
donde tu sabes ya 
con tu corazón y sin penas 
hacer brillar de nuevo el sol 
para que el invierno se vaya 
curarte las heridas y 
darte dientes para que comas 
y luego verte sonreír 
luego verte correr de nuevo 
olvida ya 
hay quien se olvidará 
de llevar una flor 
pasar un sábado 
después silencios 
después silencios... silencios 
en los jardines donde nadie va 
se respira la inutilidad 
hay respeto y limpieza pura 
es casi locura 
es tan bello abrazarte aquí 
defenderte y luchar por ti 
y vestirte y peinarte así 
y susurrarte: no te rindas no 
en los jardines donde nadie va 
cuanta vida cuanta soledad 
los achaques crecen día a día 
somos nadie sin la fantasía 
sosténles tú abrázales 
te ruego no dejemos que caigan 
esiles, frágiles tu cariño 
nunca les niegues 
estrellas que ahora no se ven 
pero dan sentido a este cielo 
los hombres no pueden brillar 
si no brillan también por ellos 
manos que ahora temblaran 
porque el viento sopla mas fuerte 
no les dejes ahora no 
que no les sorprenda la muerte 
somos egoístas cuando en vez 
de ayudar nos negamos 
olvida ya 
hay quien se olvidará 
de llevar una flor 
pasar un sábado 
después silencios 
después silencios... silencios

 (EN LOS JARDINES DONDE NADIE VA Laura Pausini)







martes, 7 de mayo de 2013

DAR GRACIAS POR EL HECHO DE RESPIRAR


NO SIEMPRE TENEMOS QUE HACER COSAS PARA AGRADAR A DIOS. A VECES ES SUFICIENTE DARLE GRACIAS POR RESPIRAR.






PODEMOS SER NIÑOS Y DEJARNOS LLEVAR...



O TAN SOLO DESCANSAR EN EL...




‎"...se incorporará a los códigos penales el delito de estupidez, que cometen quienes viven por tener o por ganar, en vez de vivir por vivir nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y como juega el niño sin saber que juega..." (Utopía por Eduardo Galeano



jueves, 25 de abril de 2013

NO TE RINDAS


QUE NADIE SE RINDA PORQUE HAY UN NUEVO AMANECER





Va a amanecer 

Va a sanar. 




No te me rindas mi vida 
duerme esperando otro día 
que saldrá el sol, 
no te rindas amor, 
resistir el dolor, 
yo, 
que te quiero a morir. 

Voy a sembrar en tu herida una flor 


yo tratare de curar 
ese dolor 
tenme fe corazón 
esperanza y valor, 
yo, 
que te quiero a morir. 

Va a amanecer 
va a sanar. 
Te voy a curar 
me extrañas tanto tanto 
pero aguanta corazón 
tu soledad 
se va 
te voy a curar. 



No te rindas mi vida 
siembra unas flores 
de amor en tu herida 


ay corazón, 
siempre habrá un nuevo amanecer. 
Te amo a morir. 

No te rajes mi vida 
siempre la suerte nos cambia, nos gira 
ay corazón 
siempre habrá un nuevo amanecer. 
Sale el sol. 


No te me rajes mi vida mi amor 
eres un roble valiente 
con la cara al sol, 
vamos a resistir 
como el arbol de pie, 
ponte de pie hasta morir. 

Va a amanecer uhh ahh. 
Yo se que te pega el dolor, 
tu sabes que vamos, tu sabes corazón 
tu soledad 
se va. 
Se va, se va. 

No te rindas mi vida 
siembra unas flores 
de amor en tu herida 
ay corazón 
siempre habrá un nuevo amanecer. 
Te amo a morir. 

No te rajes mi vida 
siempre la suerte nos cambia nos gira 
ay corazón 
siempre habrá un nuevo amanecer. 
Sale el sol. 

No te rindas mi amor 
es la vida un milagro de dios 

ve cantando las penas 
y suelta el dolor. 

Amanecer. 
Pronto llega el sol. 
Con la esperanza de amanecer, 
de renacer, 
no te rindas amor.


(NO TE RINDAS. MANA)



lunes, 22 de abril de 2013

EL PODER DE DIOS Y DE LOS SUEÑOS





Hay una luz en algún lugar 
Adonde van los sueños de la humanidad 



Hay una luz dentro de ti 
Adonde están los sueños que van a venir 
Para volver a despertar 
No te olvides nunca 
Dejes de soñar 
Nunca dejes de soñar 
Nunca dejes de soñar 
Hay una luz que no se ve 
Brilla desde adentro desde la niñez 
Hay una luz 
En algún lugar 
Allí donde los sueños 
Se hacen realidad 
Mas allá del sol 
Mas allá del mar 
Mas allá del tiempo 
Se que hay un lugar 
Donde quiero ir 
Donde quiero estar 
Hoy la fantasía se hace realidad. 
Mas allá del sol 
Mas allá del mar 
Mas allá del tiempo 
Se que hay un lugar 
Donde quiero ir 
Donde quiero estar 
Hoy la fantasía se hace realidad 
Hoy la fantasía se hace realidad 
Hoy la fantasía se hace realidad 
mas allá del sol 
mas allá de mar 
mas allá del viento 
se que hay un lugar 
donde quiero ir donde quiero estar 
hoy la fantasía se hace realidad. 
hoy la fantasía se hace realidad 
hoy la fantasía se hace realidad 


LA CONVERSIÓN ES POSIBLE SIEMPRE


SI LLEGA A BAJAR JESÚS PIENSAN ALGUNOS...

JESÚS SIGUE ABAJO SUFRIENDO POR NOSOTROS, SIGUE AMANDO A LA HUMANIDAD PECADORA, SIGUE ESPERANDO NUESTRA CONVERSIÓN, SIGUE TENIENDO ESPERANZAS DE QUE SU SACRIFICIO NO FUE EN VANO.
JESÚS ES PACIENCIA Y MISERICORDIA, PURO AMOR.




DIOS ES JUSTO Y YA ESTAMOS EN LA HORA DE COLABORAR TODOS JUNTOS PARA QUE HAYA CAMBIOS PROFUNDOS EN LA HUMANIDAD.




EL PECADO ES INHERENTE AL SER HUMANO. LO BUENO Y LO MALO CONVIVEN EN CADA UNO DE NOSOTROS, PERO SE PUEDE ELEGIR LO BUENO Y DOMINAR LO MALO. CON LA AYUDA DE DIOS TODO SE PUEDE. EMPECEMOS A USAR LA LIBERTAD PARA SER LIBRES DE LA ESCLAVITUD DEL MUNDO Y DEL PECADO. (MATERIALISMO, ORGULLO, SOBERBIA, CODICIA, VANIDAD, EGOÍSMO...).




 (La Mesa de los pecados capitales es una de las obras del pintor holandés Hieronymus Bosch, El Bosco.)


(Luchemos contra el demonio y los espíritus malignos que acechan el mundo para la perdición de las almas)

MIRAMOS MUCHO PARA AFUERA, SEÑALANDO AL OTRO, A LA SOCIEDAD, CUANDO EN REALIDAD NI SIQUIERA EMPEZAMOS EL CAMBIO POR NOSOTROS MISMOS.
PRIMERO SACARSE LA VIGA DEL PROPIO OJO.
NO VAMOS A VER UNA SOCIEDAD MEJOR SI NO MIRAMOS ADENTRO Y EMPEZAMOS POR NOSOTROS MISMOS.


AMAR A DIOS EN LIBERTAD Y HACER SU VOLUNTAD. ACEPTAR QUE SOMOS CREATURAS Y NO CREADOR. DEJAR ATRÁS LA SOBERBIA Y EL ERROR DE CREER QUE LA AUTODETERMINACIÓN NOS HARÁ FELICES Y LIBRES DE VERDAD.


Pasa la vida y el tiempo 
no se queda quieto 
llevo el silencio y el frío 
con la soledad. 

En que lugar anidaré 
mis sueños nuevos 
y quien me dará una mano 
para volver a empezar. 

Volver a empezar 
que no termina el juego. 
Volver a empezar 
que no se apague el fuego. 

Queda mucho por andar 
y que mañana sera un día 
nuevo bajo el sol 
volver a empezar. 

Volver a empezar 
volver a intentar 

Se fueron los aplausos 
y algunos recuerdos 
y el eco de la gloria 
duerme en un placard. 

Yo seguiré adelante 
atravesando miedos 
sabe Dios que nunca es tarde 
para volver a empezar 

Volver a empezar 
que aun no termina el juego. 
Volver a empezar 
que no se apague el fuego. 

Queda mucho por andar 
y que mañana sera un día 
nuevo bajo el sol 
volver a empezar. 

Volver a empezar 
volver a intentar
(VOLVER A EMPEZAR Alejandro Lerner)